Se lo dedico a Tere,
que odia que hable de la Muerte.
He decidido suicidarme.
Lo estoy planeando muy meticulosamente,
que conste.
Y no es fácil.
El que lo haya hecho, puede contarlo.
Quiero hacerlo como Séneca,
a lo romano,
llenando una bañera (quizá no tan lujosa)
y abriéndome arterias en canal,
a destajo.
Pero debo decidir qué hacer antes,
qué libros leer o qué discos oír.
O quizá no importe
si me dejo cosas que hacer,
porque el infierno a donde iremos
tendrá bibliotecas,
y habrá alguna tienda
donde pagues con tu alma master-card
el recopilatorio de Depeche Mode
o los éxitos de The Cure.
Tendré que hacer, eso sí,
una lista de las personas a las que dar
un último adiós
(¿hubo un primero?).
Mamá, papá, hermanas, amigos cercanos.
Besar una vez más a Mr.Hyde, claro está,
y ya que me pongo al Doctor Jekyll,
que no viene mucho últimamente
porque ahora tiene triple personalidad.
Y luego, cuando haya ido tachando
uno a uno
los puntos de mi lista de cosas que hacer
antes de morir,
entonces (y sólo entonces)
cogeré una botella de vino,
pondré un disco de Mahler
y abriré el grifo del baño.
Me meteré en el agua caliente,
sin apenas ya verme en el espejo empañado,
notando cómo se cuece mi carne,
y me enchufaré un cigarro de los caros,
de los buenos,
el último,
el mejor.
Cuchilla en mano,
empezaré mi espectáculo final.