Al rocío de la Vega,
porque me empapa con su rumor de ola.
Entraste con los zapatos en mano,
resbaladiza,
dejando el rastro marino a tu paso.
Chapoteaba tu cola de pez
y oxidabas las miradas de los poetas.
Quién iba a pensar que te mantendrías
de pie sin pies,
en tu tabla de surf,
con tu cola de sirena,
mojada de escamas
y escarcha.




